El libro. Su mirada. El libro. La taza de café. Sacudió el escritorio. Rompió en temblores y se lanzó contra la ventana. Su cuerpo cayó por los veinticinco pisos. Goteando sangre y vidrios clavados. Una ligera sonrisa se le escapo de la cara, como si el dolor fuera de mentira. Golpeó el suelo. Después de la muerte no hay nada mas que entender de nuestra ilógica manera de existencia. Insignificantes.
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